Expertos analizan la crisis de credibilidad pública y advierten que la sociedad argentina está abandonando la idea de progreso compartido para refugiarse en grupos homogéneos.

La crisis de confianza en Argentina ha dejado de ser un problema exclusivamente político para transformarse en una barrera social. El politólogo Rosendo Grobo destacó que el país atraviesa uno de sus momentos más oscuros en términos de cohesión, con un 70% de la población admitiendo que no confiaría en alguien con valores distintos a los suyos.
El diagnóstico surge del análisis del Barómetro Edelman, que posiciona a la polarización y la fragmentación como las tendencias dominantes del clima actual. Para Grobo, este «excepcionalismo» argentino está atado a 50 años de decadencia económica que borraron del imaginario colectivo la noción de bienestar futuro. El especialista ejemplificó este cambio cultural recordando cómo antiguamente los comercios y clubes llevaban el nombre de «El Progreso», un concepto que hoy parece extinguido frente a la incertidumbre cotidiana.A pesar de este sombrío panorama institucional, el informe rescata que la confianza «cercana» sobrevive. Los argentinos siguen creyendo en sus compañeros de trabajo y en su entorno inmediato, pero cortan puentes con cualquier actor que represente una diferencia ideológica.
El desafío actual reside en superar la creencia de que no hay nada valioso en la postura ajena, un paso indispensable para salir del estancamiento y la volatilidad que domina la escena pública.

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